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Edgardo Antoñana no pasaba desapercibido.
Podría afirmar que era un PERIODISTA con mayúsculas, de los que, lamentablemente para esa vocación, quedan pocos.
O casi nadie.
Tenía una importante formación intelectual que le permitía hablar con criterio de los diversos temas que se presentan cotidianamente en la vida de un periodista.
Y lo recuerdo procurando siempre crecer en ese sentido.
Lo conocí cuando el presidente Alfonsin me designó Gerente de Noticias de ATC en marzo de 1986.
Era una garantía de seriedad en el tratamiento de la información y participaba activamente en la confección de los informes que, sobre los temas más diversos, se publicaban en los distintos noticieros que producía Arturo Cavallo.
Tenía un fuerte compromiso en la defensa de la democracia que recién habíamos recuperado los argentinos.
También era un bohemio, de aquellos que tienen todos los “vicios buenos”, que compartía con muchos de los que pasábamos horas en el canal.
Recuerdo anécdotas de sus salidas con Jorge Rodríguez, otro entrañable personaje que conocí por esos años.
Lo tendré siempre presente como un buen tipo por sobre sus demás virtudes.
Porque más allá de sus innegables condiciones profesionales era un cálido, honesto y solidario ser humano.
De los que también no hay muchos..

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