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Por primera vez se encontraron en territorio de General Pueyrredon, restos óseos de un águila y un cóndor prehistóricos. En el marco de una prospección de rutina del equipo de Paleontología del Museo de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia, hallaron también restos del ave del terror más grande que se desplazó por este territorio en el período del tiempo conocido como “chapadmalense”.

Los restos de los tres ejemplares fueron descubiertos en una distancia de no más de mil metros, en la zona de Barranca de los Lobos. El sector, se comprueba una vez más, tiene una gran riqueza paleontológica y permite a los investigadores gran cantidad de material para analizar, estudiar y sacar conclusiones sobre lo que ocurrió en la tierra y el aire de Mar del Plata.

“Es un año por demás grato en hallazgos para el área de paleontología del Museo Municipal de Ciencias Naturales” aseveró el paleontólogo Matías Taglioretti, sobre este nuevo material con que cuentan para seguir sumando conocimiento científico sobre la prehistoria local.
Taglioretti, quién junto al equipo del museo y a dos colaboradores, sumó esta semana 3 nuevos restos de aves fósiles con hábitos carnívoros.

“Los fósiles hallados provienen de la formación geológica Chapadmalal con una edad entre 5.5 a 3 millones de años (edad Chapadmalalense). Por aquel entonces el paisaje de Mar del Plata era muy diferente, la fisonomía era similar al del Palmar de Entre Ríos, con suaves lomadas acribilladas por madrigueras de roedores y armadillos, donde las sierras de Tandilla se verían más imponentes que en la actualidad. En este contexto vivió una de las faunas más atrapantes de la prehistoria sudamericana” explicó el paleontólogo.

Ave vieja

Sobre los últimos hallazgos indicó que se trata de “un ave del terror, un cóndor prehistórico y un águila de gran porte. El “Ave del Terror” pertenecería a un juvenil de Mesembriornis milneedwardsi, que sería el Fororraco de mayor porte que viviera en la prehistoria de Mar del Plata, alcanzando 1.8 metros de altura convirtiéndolo en el predador tope de ese entonces”. Vale señalar que las conocidas como “aves de terror” eran animales corredores, no voladores.

Sobre el cóndor prehistórico, el referente indicó que “su humero (primer hueso del ala que conecta con el cuerpo) posee una longitud de 33 cm. Esta especie de Cóndor habría aprovechado los vientos constantes y paradores elevados de las sierras de Tandilia para hacerse de la amplia oferta de carroña que ofrecía la fauna chapadmalalense y que incluía una gran variedad de animales que pesaban más de 1000 kilos, entre ellos perezosos terrestres y armadillos gigantes”.

Sobre el águila prehistórica explicó que “sería, según las primeras observaciones, algo más grande que un águila coronada (Harpyhaliaetus coronatus). Los restos muestran que poseía poderosas garras en sus patas prensoras que le permitirían dar caza a una amplia gama de presas como ungulados nativos y roedores de muy variado tamaño presentes en los últimos albores de las grandes llanuras sudamericanas”.

Taglioretti especificó que el material del águila y el cóndor fue hallado por el equipo de Paleontología junto con los colaboradores Leandro Santacrocce y Vanesa Moran.

Fuente: La Capital

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Arturo Cavallo

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