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Las implicancias económicas de China quizás sean mucho mayores de lo que pensamos. Casi todos saben que, en las tres últimas décadas, pasó de ser una nación enorme y pobre a ser el mayor exportador y la segunda economía del mundo por su tamaño.

Ahora, en un nuevo informe, dos economistas afirman que la emergencia de China explica muchas más cosas. Específicamente, dicen que promovió tres tendencias globales importantes: las tasas de interés más bajas (que también fortalecieron los precios de las acciones), los jornales débiles o en descenso para los trabajadores y una creciente desigualdad económica.

Dicen que promovió tres tendencias globales importantes: tasas de interés más bajas, jornadas en descenso para los trabajadores y desigualdad económica

La causa central de estos efectos secundarios masivos radica en el cambio de la población, sostienen Charles Goodhart, del London School of Economics, y Manoj Pradhan, anteriormente de Morgan Stanley. La infusión de cientos de millones de trabajadores chinos en la economía mundial debilitó los jornales globales y creó un excedente de ahorros globales. Los jornales a la zaga empeoraron la desigualdad; los ahorros excesivos deprimieron las tasas de interés.

He aquí la aritmética demográfica esencial de los economistas:

En 1990. Lo que llamábamos “economía mundial” consistía mayormente de naciones industrializadas, entre ellas, Estados Unidos, Europa Occidental y algunas naciones asiáticas ricas. Su población activa (20-64) sumaba 685 millones de hombres y mujeres; para 2014, creció un 11 por ciento a 763 millones. China y los países del ex bloque soviético de Europa Oriental esencialmente se habían aislado del sistema global. Pero eso ya no ocurre. Entre 1990 y 2014, su “integración” masiva en la economía mundial más amplia agregó 1.120 millones de trabajadores a la fuerza laboral global.

“Las cifras asociadas con esa integración son asombrosas,” escriben Goodhart y Pradhan. En un cuarto de siglo, la fuerza laboral global potencial más que se duplicó, comparada con lo que hubiera sido si las tendencias de 1990 hubieran continuado. La abundancia de mano de obra significó que, mientras las empresas lucharon por expandirse y sobrevivir, hubo una presión descendente continua sobre los jornales. En forma similar, el excedente de ahorros reflejó la preparación de los trabajadores para la jubilación.

Y hay más. Goodhart y Pradhan sostienen ahora que los cambios demográficos se están revirtiendo. Lo que era cierto ayer quizás no lo sea mañana:

1- El surgimiento de trabajadores nuevos se está abatiendo. Los mercados laborales se apretarán. Los jornales reales (jornales ajustados a la inflación) comenzarán a elevarse. La desigualdad disminuirá.

2- A medida que las sociedades envejezcan -la mayoría, si no todas, las sociedades industrializadas enfrentan el envejecimiento de sus poblaciones, que reflejan expectativas de vida más largas y tasas de nacimiento más bajas- el excedente de ahorros decrecerá o desaparecerá. El motivo es que los ancianos gastarán sus cuentas jubilatorias. El capital se volverá más escaso, las tasas de interés subirán.

¿Cómo debemos interpretar esto? Reconozcamos primero que, si Goodhart y Pradhan están en lo correcto, la capacidad de los gobiernos de moldear el futuro es limitada. Nos tiran fuerzas que mayormente están fuera de nuestro control. Solo en forma indirecta la mayoría de los gobiernos regulan tendencias tan básicas como la fertilidad o las expectativas de vida. La política china de sólo un hijo, ahora abolida, fue una excepción obvia.

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Arturo Cavallo

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