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Sin luces de neón ni caras conocidas en la cartelera, lejos del circuito de la calle Corrientes, un grupo de obras del teatro off resiste el paso del tiempo y, temporada tras temporada, siguen convocando espectadores.El público, casi con el único aliento del “boca en boca”, los convirtió en clásicos.

La que ha batido todos los los récords es La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tolcachir que ya lleva nada menos que 13 años en cartel. “Ante todo estoy agradecido a los actores por seguir haciendo esta obra después de tanto tiempo con tanto amor y pasión. La omisión... , más que una historia sobre familias disfuncionales, es un ensayo sobre el egoísmo, el individualismo que genera la desesperación”, dice el director. “Habla de lo que sucede cuando no somos capaces de registrarnos y sentimos que los problemas de los otros son de los otros y no nuestra responsabilidad. En estos días donde la mezquindad parece instalada en el aire siento que es una obra absolutamente vigente”.

Clásicos del teatro off: ejemplos de calidad y permanencia

“La omisión de la familia Coleman”, de Claudio Tolcachir. Va por la temporada número 13.

Tolcachir tiene otro clásico en cartel hace diez años, Tercer cuerpo. “La obra recrea el mundo de aquellos que están por fuera del sistema, sin ser marginales. Simplemente no son parte de la maquinaria del mundo, avergonzados de sus pequeñas vidas y que atraviesan solos, aunque estén apretujados horas y horas en esa oficina desactualizada, su intento de felicidad”, cuenta Tolcachir intentado encontrar alguna razón a esa sala siempre llena, función tras función. “De alguna manera todo habla de la escala humana, de ver personas incapaces que hacen lo que pueden y lo hacen bastante mal. Yel teatro puede hacer mucho por derribar prejuicios y conceptos simplistas. El mundo intenta simplificarnos, entre buenos y malos. Útiles e inútiles. No nos permite disentir y tener matices. Se intenta idiotizar con consignas infantiles para evitarnos el pensamiento”. Este tipo de obras parece rescatar una necesidad humana. “El teatro entonces tiene que batallar para recordarnos que no es fácil ni simple y que hay que hacer el esfuerzo de comprender e intentar ponerse en el lugar del otro”,asegura Tolcachir.

En una mínima sala de Villa Crespo, El amor es un bien, versión libre de Tio Vania de Chejov, agota entradas. Su director, Francisco Lumerman dice: “Todo el equipo apostó y arriesgó; nos entregamos sin red al proceso, nos animamos a desear lo mejor, a poner en valor nuestro trabajo y disfrutarlo. No sé si eso hace que el público venga, pero quizás eso trasciende al trabajo y se ve en escena”, dice. “Buscando razones más objetivas, tal vez es que nos servimos de un clásico y transformamos las limitaciones ligadas al teatro independiente en virtudes y grandes actuaciones. El público agradece la actualización del texto. Por otra parte, a diferencia del teatro comercial donde hay otras variables en juego, en el teatro independiente, las cooperativas son las que hacen durar al espectáculo. Actores y equipo técnico yendo a poner el cuerpo todos los fines de semana, defienden y hacen que la obra se sostenga en cartel. En nuestro caso el deseo poderoso de contar este cuento”. Su colega y socio en la sala, Lisandro Penelas, también dirige una obra que va por el tercer año, El amante de los caballos. “Tener nuestra sala nos permite darle tiempo a las obras. El tiempo ayuda a que los materiales se asienten y vayan encontrando su público. Por suerte no tenemos la urgencia del resultado ni responder a la lógica del éxito”.

Clásicos del teatro off: ejemplos de calidad y permanencia

“Nada del amor me produce envidia”, de la dupla Lerman-Merlino lleva siete temporadas.

Si hablamos de fenómenos del off, uno de los casos más pecualiares es el de Mi hijo sólo camina un poco más lento, desde hace tres años en cartel. Su director, Guillermo Cacace arriesga una razón: “La obra se pronuncia como alternativa en varios frentes: en lo que cuenta, en cómo lo cuenta, desde dónde lo cuenta y hasta en los horarios y lugar en donde nos encontramos a contarlo. Hacer teatro alternativo en un gesto estético y político de los que la gente celebra. No me cansaré de decir que este tipo de teatro no está aquí para pasar a estar mañana en el oficial o el comercial; tiene una propuesta en sí. Hiere el ninguneo de pensarlo como el tránsito a un lugar “mejor”. No hay lugar mejor que este para hacer algunas cosas. y más allá del orgullo por las obras que hago en otros sitios, en términos artísticos las mejores condiciones tienen lugar en estas márgenes”. Y acerca del boom de Mi hijo….dice:“No impone una verdad, abre una pregunta y lo hace de un modo amable. Amabilidad que no implica condescendencia alguna”. Frente al teatro comercial que se maneja con otras leyes, el off maneja mayores libertades. “Lo comercial, en general, se mueve con fórmulas probadas. Tiene la presión del recupero de una inversión y el desafío de una ganancia”, dice Cacace. Algo con lo que coincide Diego Lerman, director de Nada del amor me produce envidia (siete temporadas), ¿Qué me has hecho, vida mía y ¿Cómo vuelvo?(cinco y tres, respectivamente),da su punto de vista. “En nuestro caso, que sean unipersonales hace que sean más fáciles de montar. El off tiene otra lógica que no es la del teatro comercial ó el oficial, en dónde se hacen temporadas cortas con muchas funciones semanales, en salas muy grandes y con fuertes inversiones en prensa y difusión En nuestro caso, el público ya sabe que va a tener un tiempo para ir a verlas”.

Por su parte, María Marull es parte de este fenómeno como directora de La Pilarcita. “Creo que la primera causa de la permanencia es el “boca en boca”. Sin eso ninguna obra se sostiene, y mucho menos en el circuito alternativo. Eso pasa sólo si la gente la recomienda porque empatiza. Y hace que el espectador viva una experiencia que quiera luego compartir o revivir. Cuidamos permanentemente la obra, para que siga creciendo. Hay algo dentro del circuito alternativo que es más exigente, porque al no tener una producción o un rédito económico asegurado, el motivo de todos los que participan es cien por ciento artístico. Si el proyecto no está vehiculizado por esa pasión termina abandonándose. La obra es de todos los que la hacemos y entre todos la sostenemos”.

Las salas de Buenos Aires están lenas de estas obras que son el refugio de muchos espectadores que van a verlas más de una vez y las recomiendan con tanto fervor como para lograr que siempre hay público en las butacas. Paula Marull, hace tres años que dirige Yo no duermo la siesta. “El desafío era poder hacerla, sorteando todas las dificultades del teatro independiente y lograr una temporada. Las otras dos vinieron de yapa. La obra sorteó el desafío de recambio de actores por otros proyectos, pero capitalizamos eso para que la obra crezca y se enriquezca de esas experiencias”. Tres años también para Como si pasara un tren, sobreviviente a varios cambios de horario. “Aunque suene naif, los proyectos que se hacen con el corazón tienen una aceptación especial. En el teatro off uno está dispuesto a no ganar, incluso a perder. No hay especulación. Creo que esa energía desinteresada llega”, dice su directora Lorena Romanin..“Y en un momento social y económico difícil, el teatro independiente ofrece entradas más accesibles y calidad”.

Pero hay más: Cactus orquídea, Viejo, solo y puto, Othelo (termina mal) e Inestable, son algunas de las otras que también forman el equipo de clásicos del off.

Dónde y cuándo verlas

La omisión de la familia Coleman: vie, 20 y dom, 21, Metropolitan (Corrientes 1343). Tercer cuerpo: dom, 21.30, Timbre 4 (México 3554). Mi hijo sólo camina un poco más lento: sab y dom, 11 y 14,Apacheta (Pasco 623). El amor es un bien: sab, 22 y dom, 18,Moscú (Camargo 506). El amante de los caballos: sáb, 20, Moscú (Camargo 506). Nada del amor me produce envidia: sáb, 19, Santos 4040 (Santos Dumont 4040). Como si pasara un tren: sab, 20; dom, 18 y 20, Camarín de las Musas (Mario Bravo 960). Yo no duermo la siesta: mie, 21, Callejón (Humahuaca 3579). Cactus orquídea: sab, 21, Anfitrión (Venezuela 3340). Viejo solo y puto: sab, 23, Timbre 4 (México 3554). Inestable: sab, 21, Beckett (Guardia Vieja 3556). Othelo: jue y vie, 20, La Carpintería, Jean Jaures 858.

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