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El 29 de septiembre de 1917, hace exactos cien años, nacía en Salta uno de nuestros más grandes artistas, Gustavo “Cuchi” Leguizamón, el creador tal vez más original del folclore argentino. Para pensar el lugar de Leguizamón en el folclore podría volver a evocarse la clásica gradación universal: si Atahualpa Yupanqui es el genio clasicista, Eduardo Falú es el gran músico romántico y Gustavo Leguizamón, nuestro mayor modernista.

El núcleo compositivo de Leguizamón acaso haya consistido en una mirada ligeramente desplazada sobre los materiales disponibles y los modos melódicos del folclore. Sus armonías suenan modernas sin deberle nada al jazz. El particular color armónico de piezas como Balderrama, Zamba del carnaval oZamba de Lozano proviene de un corrimiento mínimo, de la alteración de un grado en la escala diatónica. Sus melodías, aun las más imprevistas, tienen un efecto de naturaleza; como algo que estaba allí, alojado en un viejo modo del folclore, esperando su realización.

El Dúo Salteño fue otra de sus grandes invenciones. Leguizamón reunió a Patricio Jiménez y Chacho Echenique y les indicó todo lo que tenían que hacer, mientras él los acompañaba en el piano o la guitarra: no cantar por terceras paralelas, sino como dos melodías independientes, cuando no cruzadas, con la guitarra como un mero sostén armónico, como un virtual canto a cappella. El repertorio podía ser el de Leguizamón o cualquier otro, ya que el foco no estaba tanto en la composición como en la interpretación; una interpretación radical que, como en el caso deEl violín de Becho (Zitarrosa), podía transformar una melodía en un abismo.

Era una invención extraña y polémica en sí misma, y muchas personas discutían sobre si esa forma de cantar estaba bien o -como en cambio pensaban en los años ‘80 casi todos mis amigos brasileños, uno de los pueblos supuestamente más musicales del planeta- estaba mal. El Dúo Salteño representa uno de los momentos más vanguardistas del folclore, sin la forma que los experimentos vanguardistas asumen generalmente en el folclore: la reducción de medios era su principio básico.

Fue un genial experimento sobre la textura, sobre cómo acompañar una melodía, sobre cómo las voces se relacionan entre sí. También lo fue el original estilo pianístico de Leguizamón, tan incisivo y contrapuntístico, que transcurre básicamente en el medio del teclado y burla la forma tradicional de melodía acompañada.

Las piezas de Leguizamón constituyen, por riqueza y extensión, un género en sí mismo dentro del folclore, y acaso el más valioso tesoro de la música argentina. Sus intérpretes son innumerables. Entre los más recientes, destaca especialmente Pablo Márquez, salteño como el Cuchi, pero además titular de guitarra nada menos que en la Academia de Música de Basilea, Suiza. Su álbumEl Cuchi bien temperado (publicado por ECM en 2015) reúne dieciséis zambas, chacareras, vidalas, cuecas, presentadas en distintas tonalidades, como los preludios y fugas del modelo bachiano. Es el proyecto de un músico devoto y erudito, aunque no de un académico. No se oye como un folclore “estilizado” ni reglado desde afuera, sino como algo que se despliega desde adentro como una figura dentro de otra.

El “Cuchi” Leguizamón en palabras de músicos argentinos

“Gracias al Cuchi nos podemos vanagloriar del folclore. Tiene una música donde se mezcla lo clásico y el jazz, pero está armonizado con otros tonos. Es una música complicada, pero conectada con lo popular, como el tango. No hay muchos como él.” León Gieco

“El Cuchi plantea una mímesis entre el producto humano y la naturaleza. Me resulta exquisita la forma en que resuelve un diseño melódico y armónico. En Leguizamón y Castilla pensaron su región, pero al mismo tiempo han pensado la Argentina y lo hicieron en diálogo con la gran cultura universal.” Liliana Herrero

“Si comparás las partituras con las grabaciones del Cuchi vas a notar que hay algo que no se puede poner por escrito. Con él pasa como con Duke Ellington o Thelonius Monk, que tienen esa magia de andar un camino propio. Los saltos con los que él hablaba son los mismos que están en su música.” Guillermo Klein

“Nunca lo vi como a un par. Le tengo una admiración enorme. El es diferente. Van a pasar cien años y vamos a seguir descubriendo cosas del Cuchi. A mí me da alegría escuchar sus cosas.” Chivo Valladares

“Cuando le cantamos su Zamba del silbador, nos dijo: ‘Changos, ustedes vienen conmigo’. Ahí comenzó en serio el Dúo Salteño, de la mano del Cuchi”. Patricio Jiménez (Dúo Salteño)

“Se me hace un nudo en la garganta de sólo recordarlo. Me pasó hace poco en Catamarca y Córdoba, porque sentí su presencia; porque en cada acorde, en cada melodía está presente él, y eso lo tengo que superar.” Chacho Echenique (Dúo Salteño)

“El Cuchi es uno de nuestros músicos más emblemáticos. Su obra fue una puerta de entrada hacia el folclore para muchísimos músicos que venían de otros estilos, como el rock o el jazz, a través de esa mirada amplia, que recoge el canto de la tierra y lo hermana a las músicas del mundo. ” Pedro Aznar

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