Esconderse

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¿Algunos jugadores de Vélez se pueden esconder en una cancha?

En Boca 2 Vélez 1, sí

¿Las actrices y actores, se pueden esconder en un escenario?

No, deben dar el pie textual a su compañera/o, podrán actuar mal, bien, regular, pero no se pueden esconder, cuando deben decir su parlamento, con la marcación que le indicó la directora/o, lo dirán mal, regular o bien, pero lo deben decir.

 

Los actores profesionales, en temporadas de buen suceso, deben hacer hasta dos o tres funciones por día. Ganarán más o menos que los jugadores de primer nivel. Los actores de teatro independiente, en temporada de buen suceso deben hacer una función por día pero más días y ganan, si ganan, como algunos jugadores de categorías menores. Pero deben actuar y decir, poner el cuerpo con frío, calor, humedad, poco o mucho público. Pero actúan, al menos por respeto hacia quien pagó una entrada para disfrutar del espectáculo.

Sin actores no hay espectáculo, tampoco sin el productor, sin el autor, sin el director, sin los tramoyista, escenógrafo, iluminador, sin la logística del espectáculo.

Pregunto, ¿puede haber espectáculo sin participación de la totalidad del equipo de fútbol?

En teatro, según el nivel económico de la producción, hay reemplazantes para varios personajes del mismo sexo, que deben ir todas las noches hasta finalizar la función y cobran su sueldo sin haber transpirado la camiseta en el escenario. Pero entre bambalinas también se aprehende, con h intermedia. En el teatro comercial musical, como en el ballet  clásico del Teatro Colón, deben tomar a la compañera/o para hacer un paso de baile y no lo pueden tirar por más que se odien. Se pondrán Gillette en las zapatillas de baile de la compañera/o, le harán trabajos para que actúen mal o no asistan a las funciones, pero si no cumple con su rol, el productor/a suspenderá a la desganada/o y mal compañera/o. Muchas veces esto se difunde en el ambiente de la producción y a esas personas no se las vuelve a contratar. El mundo del espectáculo entre bambalinas es despiadado. Pero dan la cara, se exponen a la crítica, logran mejores convenios laborales, si la crítica es favorable, todo el tiempo, en la mayoría de los casos siguen asistiendo a clases, ven espectáculos, hay una mística de los que sentimos la suerte de trabajar en el espectáculo.

 

No conozco, puede ser que las/os haya, en los camarines esperando su salida a escena, preocupados por jueguitos electrónicos, hasta que el director/a los llame al orden.

No se reúnen para plantearle al director/a como cambiar a Shakespeare, a Vacarezza o Arthur Miller. En el fútbol profesional, los directores técnicos y sus ayudantes deben oficiar de celadores en distintas salitas de un jardín de infantes en el que se juegan millones de euros,  de dólares y de pesos. En esas inexplicables e innecesarias conferencias de prensa que se dan despúes de los partidos, el gran Dante Panzeri se burlaba en que se hablaba durante días de algo que sucedió en 90 minutos, en vez de las cosas que hacen a nuestra sociedad en general. Hay lugares comunes y todas las frases hechas expuestas en casi una cadena nacional para explicar la nada.

 

Este privilegio de exposición innecesaria, nunca lo tuvieron los Carlos Gandolfo, los Francisco Petrone, las Lolas Membrives, los Augusto Fernández, después de cada función teatral, explicando que quiso decir el autor a través de su interpretación.

 

En su libro “La dinámica de lo impensado” Dante Panzeri fue implacable, con los matungos, con los que hacen el trabajo sucio. Hoy, hay un montón de traductores de la estupidez humana en los que juegan al fútbol para explicar porque no lo hacen, con la complicidad de los voceros, que a cambio de una palmadita del ídolo, o de que lo nombre en el reportaje, se siente gratificado con ese “burócrata” que cumple turnos de entrenamiento, para despúes exponerse frente a 45.000 personas y se hace pis y caca encima, le dá el pase al contrario y se esconde en la cancha. Pensando en seguir jugando a la “play” o conseguir algún número telefónico de la mediática de turno, para seguir sacándose el compromiso de enfrentar su dolorosa realidad: la incapacidad. Están los intermediarios, ahora denominados Grupos de Inversión, que en muchos de los casos, encubren a los propios directivos en un marco de Sociedades sin fines de Lucro, aprovechándose de ese escudo jurídico, para hacer el resto. Tratar de comercializar a ese incapaz a ese indolente que juega apenas minutos de los 90 oficiales y repartir sobres para acumular centímetros de columna en comentarios y muchos segundos en alabanzas disfrazados de reportajes “para hacer una diferencia que me salve para toda la vida a mi familia y a mí por el bien del club”.

 

Nos dá para varios diccionarios,  todas las palabras innecesarias que se expresan alrededor de un juego, denominado fútbol. En vez de jugarlo, se habla de trabajo, en mucho de los casos no lo viven como una cosa ni la otra. Se dan la importancia de no parar a hablar con quien anda con un grabador o un micrófono, tan trabajador como él, de no bajar de sus autos, porque siempre tienen que llegar a otra parte y no se sabe para qué, menos estar explicando lo inexplicable.

 

En este espectáculo coral, tenemos a los titiriteros, que son muchos de los dirigentes de los clubes sin fines de lucro, que viven de esa parafernalia, y volviendo a las frases hechas y lugares comunes “que le quitan horas de estar con mi familia, por amor a la camiseta”, como si fuesen Belgrano, San Martín, Moreno, por Mariano, y son apenas trepadores de la pirámide de ser reconocidos como dirigentes en clubes de elite desde donde dictan cátedra de moral y buenas costumbres, mientras andan de caño en vuelos chárter, vestidos con marcas internacionales, hospedados en hoteles 5 estrellas y bendiciendo procederes “non santos” mientras tratan de hurgar en la prostitución internacional.

 

Mientras que el anónimo ciudadano con el pretexto de los colores de la camiseta, le da su voto y respaldo para tratar de salir campeones. En ese camino no se analizan los hechos, los dichos, los anuncios, las promesas, esperando el título que no llega. Si llegan aparecerán los héroes que dejan a su familia de lado por el club, para decirnos que ahora tenemos que pagar la fiesta de haber salido campeón, motivo por el cual tenemos que vender “un jugador por año”, después venden dos jugadores en el mismo puesto y otro par y el déficit mensual operativo sigue aumentando, los títulos internacionales desaparecieron hace 14 años, la cantidad de socios descendió, somos un club de cabotaje con unos cachivaches dirigentes que discriminan al que no piensa igual que ellos, a los que se unen al discurso único, a la cadena nacional, al enfrentamiento innecesario con el otro que es el próximo, prójimo.

 

¿Cómo serán los próximos 100 años de Vélez Sársfield?  En vez de pensar en grande, de convocar para lineamientos futuros, estamos preocupados por la caja, cada vez más necesitada de dinero para tapar agujeros generados por ellos mismos y para su desgracia no pueden echarle la culpa a gobiernos anteriores.

 

Vesitos Velezanos

Arturo Cavallo

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(Artìculo publicado en la revista "La V de Vélez", Nº 58, 5 de septiembre de 2010)

 

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